
Es probable que Mariano Rajoy gane las elecciones europeas como pronosticaban ayer la mayor parte de los periódicos, pero también es probable que no gane jamás la presidencia del Gobierno. Es una buena persona, pero en España con buenos sentimientos no se hacen buenas novelas ni líderes políticos. O eres un hijo de puta o no te comes un colín, vamos, que pegas el gatillazo. Y Rajoy ya ha pegado dos, ha perdido dos elecciones y no es menester que pida prórroga con Viagra o con Cialis. Si tanto ama al partido, a España y a los españoles (no sé si en este orden), debería retirase y dejar paso a gente nueva que refunde la derecha, aunque esperemos que el mirlo no sea un páparo cursiprogre made in zapatitos, porque aviados vamos.
Aviados vamos con zapatitos de organdí, rojo Justiciero de las Mujeres a la Charles Bronsson, que ve normal que su vicepresidente del Gobierno, Manuel Chaves, nos reprenda y aleccione para dejarnos bien clarito que él y su niña, tienen un patrimonio transparente, es decir, que no se han corrompido ni se han hecho millonarios con sus trapicheos en la empresa que el papaíto subvenciona con 10 millones, rectificando la ley si es preciso.
Porque no hablábamos de eso, nadie lo ha acusado de enriquecerse, sino de servirse de los dineros públicos para buscarle un trabajito a su hija, porque "todo padre quiero lo mejor para sus hijos", según un pelotillero andaluz que ha salido a defender al padrazo. Todos quieren lo mejor para sus hijos, es cierto, pero se lo dan de su dinero, del sudor de su frente y no del sudor de los demás, he ahí la cuestión, chespir.
Porque somos mayorcitos, hemos crecido y no nos creemos que los príncipes azules vengan al besar las ranas. Su hija es probable que todavía lo crea (sobre todo con un papá tan generoso con el dinero de los demás), pero los españoles no suelen ser tan crédulos. No semos tan necios y sabemos que Obama, por ejemplo, jamás le daría una subvención de 10 millones a la empresa que apodera su hija como ha hecho Chaves, chavito, que anda chava chube y chive que chabocha la chebecha, que che chube a la cabecha.
A la cabecha, sí, porque es una falta de ética, una inmoralidad y hasta un delito suponiendo que viviéramos en un democracia, porque no cuadra, sabe mal, atufa a compadreo de padre padrone, y si él no lo puede ver, no lo entiende, ahí está el Parlamentó y los tribunales para hacérselo saber. Pero no lo harán, qué va, porque están ocupados con los trajes de Camps, a todo plana, cuando tan obsceno y repugnante es que un político serio reciba trajes, aunque sean regalos, como que un político subvencione a la empresa que da trabajo a su hija. Eso sólo pasa en Cuba y en Corea del Norte.