Esta mañana voy retrasado porque hoy es el día elegido para dejar de fumar y he preferido pasar el mono durmiendo. Son las 08.04 y todo va bien pues me estoy tomando el café y controlo bien el mono. Me da envidia tu fuerza de voluntad, me suele decir mi hermanica que es fumadora impenitente. No es fuerza de voluntad, sino control de tu mente. Ya lo hice con la aguja y eso sí que fue echarle huevos. Una vez que sales de eso sales de todo, incluido el amor y su dependencia. Estoy haciendo limpieza general, quitándole a mi vida toda la cascaruja y el confeti. Y a partir de ahora dejo de ir por cierto sitio. Estoy harto de chicas despechadas que se dedican a putear al prójimo. Ni yo soy Vargas Llosa ni ellas son la Isabel Presley de Cieza.
Pero no se coscan. Así que al igual que hacía en la Marina cuando algún mediocres me querían joder la vida, la envidia es muy mala, me cambio de destino y me voy a otro buque. Los muy imbéciles no se percataban entonces de que yo era soltero y libre, y podría hacer lo que me diera la gana. Hasta cambiar de zona marítima en Ferrol, Cartagena o Cádiz. Ellos, casados y con hipoteca, no se podían mover y se jodían solitos en el mismo sitio aguantando y afiliándose al noble club de los lameculos. Por el pan de sus hijos, claro.
A un español le tocas el 'pan de sus hijos' y es peor que tocarle los huevos. Lo del pan de los hijos sirve para todo: para joder a un compañero para que no ascienda, ir a la huelga o ser un esquirol. Vale para todo, es un comodín que disfrutan algunos para salirse con la suya. El pan de mis hijos puede justificar dar una paliza o



