Antonio F. Marín: Nueva revolución sexual 2

jueves, 2 de junio de 2005

Nueva revolución sexual 2

Dice mi madre que con el comentario anterior sobre la “Nueva revolución sexual” no me va a salir novia formal, como ella quiere y desea, porque ninguna mujer que se precie se casa con un tipo así. Es que ella pretende que me case para quedarse con la casa y convertir mi habitación en una salita de estar para tomar el té con pastas con sus amigas. 

Ya tiene encargados los planos y todo. Porque la cuestión no es que un tipo de 46 años (casi 47) todavía viva en casa de su madre, sino que una madre tan mayor todavía no se haya ido a la residencia de ancianos. Todo en la vida tiene dos puntos de vista, como se ve. Así que en esas andamos; a ver quién se rinde antes, quién se va antes de casa. 

Ella me deja en la mesa en la que trabajo folletos de agencias matrimoniales y yo le dejo sobre la cama folletos de la residencia de ancianos. Es un duelo al sol en OK Corral, porque el otro día nos encontramos en el pasillo y nos quedamos mirándonos a ver quién desenfundaba antes. Guerra psicológica. Es decir, a ver quién se rinde antes y se marcha dejando la casa libre para el otro. Me río yo del relato “Casa tomada” de Cortázar. Lo del argentino es de aficionados. 

Nosotros somos más profesionales y  cuando nos encontramos en el pasillo nos paramos frente a frente, nos miramos a los ojos, suena la música de Ennio Morricone y no desenfundamos, pero ella me tira indirectas: He leído en el ABC que los casados padecen menos infartos. Y yo la miro fijamente a los ojos, me limpio el sudor de la frente y le devuelvo las indirectas: Pues yo me he enterado de que en la residencia de ancianos han puesto jacuzzi y pista de tenis. Y en esas andamos. Porque aunque ella últimamente diga que quiere que me case para poder disfrutar de los nietos, a mí me consta que es para perderme de vista. 

Y sobre todo, para poder lucir en la boda un traje de madrina que se compró hace años y que se le va a pasar de moda. Es que algunas madres no saben qué hacer con tal de poder lucirse en la ceremonia de la iglesia y llegan incluso a sacrificar a su hijo entregándoselo a esas despiadadas chicas de ahora que sólo quieren sexo y más sexo. 

Todo por lucirse y para lucir el modelito. Porque eso sí, yo si me caso lo hago por la Iglesia, de blanco, con coro y Ave Maria de Schubert, que en eso es en lo único que coincidimos. Uno es que es un católico temperamental (como Julio Camba) y le hace ilusión subir a la novia en brazos a la habitación y meterle mano con el traje de bodas puesto, que tiene su morbo y todo, aunque creo que Camba no se refería a esto.