Yo nunca había visto un remedo tan cursi como esa gala de los Goya que pudimos ver anoche en la tele, en la que participaron unos señores (es un decir) que suelen criticar el cine americano o los fastos de Hollywood, y que luego los imitan hasta lo grotesco con una función de pueblo, de provincias, en la que se parodian así mismos. Ellos mismos se ríen de ellos. Es lo cursi por definición, el quiero y no puedo; el quiero ser como ellos pero como no puedo los imito pero en plan pueblerino, porque a más no llego. Es la chacha de antaño que para imitar los modelos de la señorita se compraba unos retales y se ponía lazos hasta en los sobacos. Es la modistilla que calcaba los patrones de las revistas para hacerse en el pueblo el modelito de la princesa Carolina de Mónaco, que 31 de enero de 2005
El cine español y lo cursi
Yo nunca había visto un remedo tan cursi como esa gala de los Goya que pudimos ver anoche en la tele, en la que participaron unos señores (es un decir) que suelen criticar el cine americano o los fastos de Hollywood, y que luego los imitan hasta lo grotesco con una función de pueblo, de provincias, en la que se parodian así mismos. Ellos mismos se ríen de ellos. Es lo cursi por definición, el quiero y no puedo; el quiero ser como ellos pero como no puedo los imito pero en plan pueblerino, porque a más no llego. Es la chacha de antaño que para imitar los modelos de la señorita se compraba unos retales y se ponía lazos hasta en los sobacos. Es la modistilla que calcaba los patrones de las revistas para hacerse en el pueblo el modelito de la princesa Carolina de Mónaco, que 30 de enero de 2005
¿Con quién se confiesa Dios?
Sin saberlo, sin encontrar la respuesta, hasta que ha llegado un ateo como Javier Cercas y ha dado con ella: Con nadie, porque el desastre no es culpa de la Providencia, dice él, sino de la estupidez y de la codicia de los hombres pues se podría haber instalado unos aparatos para prevenir los maremotos que sólo cuestan lo que vale un tanque de guerra español, una minucia, y se habrían salvado la mayor parte de los que perecieron. Pues eso.
Gracias a un ateo hemos visto un poco de luz, aunque no mucha, porque todavía quedan muchas preguntas. Y dudas. Pero a veces los ateos alumbran más que la mismísima Iglesia. Que conste. Y se me ocurren los nombres de Robert Bresson, Andrei Tarkovsky, Dreyer, Kieslowski o el mismo Bergman que con su descreimiento buscaba a Dios aunque no lo encontrara. “Quiero creer, pero no puedo”, dice un personaje de “El séptimo sello” con más fe
29 de enero de 2005
¿El misógino nace o lo hacen?
28 de enero de 2005
Ama y haz lo que quieras
27 de enero de 2005
Libertad religiosa por un tubo
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