Antonio F. Marín: Quitarse las medias

16 de junio de 2005

Quitarse las medias

He vuelto a ver en canal Hollywood la película El Graduado que interpretó Anne Bancroft recientemente fallecida (la señora Robinson) y no me parece que sea la “bomba sexual” que con motivo de su óbito dicen que fue para los jóvenes de su época. No es cierto. Sólo hay que mirar la escena del dormitorio en la que le hace prometer a Benjamín que se alejará de su hija y en cómo se quita las medias, para ver que de mito sexual nada de nada. Las enrolla de mala gana y las tira sobre la butaca, cuando una verdadera “vamp” sexual, una diosa para fetichista, se las quitaría con sensualidad, jugaría con ellas y te las dejaría caer incluso sobre tu polla erecta a modo de percha (perdón, sobre la pilila). Pero jamás las arrojaría con desgana sobre la butaca. Ni se las quitaría como si fuera una prenda cualquiera. Una mujer sensual, un “boom sexual” como dicen, las desabrocha primero de la faja o el liguero, las baja despacio por sus muslos, las va enrollando
lentamente hasta las pantorrillas, te mira, sonríe y sigue enrollándolas para sacar luego el pie, cogerlas, estirarlas y mirarte a los ojos mientras juega con ellas y te las ata a la polla (digo a la pilila), antes de dejarlas con cuidado en la butaca. Así que de mito sexual nada. Más bien una mujer común y de andar por casa; una “mujer desesperada” de esas neuróticas, histéricas e inseguras de la tele. O una casada cualquiera a los tres años de aguante mutuo, digo de matrimonio.

Mobusi