Antonio F. Marín: La tiene más grande

17 de noviembre de 2006

La tiene más grande

Los socialistas franceses han rechazo la oferta de diálogo de Batasuna. Ni caso. Tararí que te vi. Ellos son unos intolerantes intransigentes que se niegan al diálogo que ya sabemos que es “la clave para resolver todos los conflictos”, según ha confesado el muchacho de León. No lo entiendo. Por qué le temen tanto al diálogo cuando es el bálsamo de fierabrás de todas las salas de Zapatero del Tinell que, por cierto, condena las dictaduras pero recibe a dictadores como Teodoro Obiang (tortura, pena de muerte, encarcelamiento de disidentes), en contra del criterio de Amnistía Internacional y del propio parlamento español que se han opuesto a las carantoñas y a que firme en el libro de honor del Congreso, porque habíamos quedado que a los dictadores no hay que darles cuartelillo,
aunque nos vengan con petróleos, gangas y sinecuras.


 Es su estilo, porque además hace unos días nos reveló que el asesino terrorista de 25 ciudadanos es un adepto a la paz. Y además se ha asociado con los líderes de aquellos países que ahorcan homosexuales, apedrean adúlteras y buscan tener la bomba atómica para aliar civilizaciones. Así que uno no comprende esta tendencia del muchacho de León a reunirse, asociarse y congraciarse con tiranos, dictadores y asesinos. Debe de ser una opción sexual más de las muchas que existen, incluidas las sadomaso.

 Porque mientras se reúne con tiranos y asesinos, se niega a vérselas con el partido que representa a la mitad de los españoles y ha pretendido aislarlo como apestado en el pacto del Tinell, se conoce que porque han tenido la desgracia de no cumplir con los requisitos del republicanismo cívico pues no han matado a nadie. Pobrecicos. No hacen méritos para congraciarse con el inefable muchacho de León, con la fácil que sería salir a la calle y pegar unos tiritos para que él les preste atención y los mime con sus cuidados. 

Y es que en el republicanismo cívico de Zapatero si no matas o torturas a alguien no eres nadie. Un cualquiera. Un mindundi que no reciben ni agua, ni puente de plata. Se lo tienen merecido por no matar a nadie. Y esto hay que repetirlo, como decía Gide, a ver si así se entera el muchacho. Que parece que no, porque él no oye pues sus ansias infinitas de paz son de mayor cuantía que las del resto de los ciudadanos. Que la tiene más grande que nadie, vamos.

Mobusi