“A mi manera”. Oigo esta canción continuamente, en la versión de Julio Iglesias y Paul Anka, incluso cuando voy solo por la calle. Tiene que ver con mi padre y mi madre, pero todavía no sé por qué. Supongo que influye la reciente muerte de mi madre y el recuerdo de mi padre Juan María, que murió cuando yo sólo tenía 6 años. No lo conocí, pero
lo que me cuentan de ellos es que vivieron “a su manera”, pero juntos e indivisibles. Sé que mi madre recibió
suculentas ‘ofertas’ de otros hombres (tras la muerte de mi padre), pero ella las rechazó “a su manera”,
y siempre añadía
“viuda de Juan María Marín”, incluso en las tarjetas de visita.

No me gustan los obituarios y prefiero el silencio de la soledad, pero no puedo resistirme a la tentación de recordar a Doña Piedad González Cos-Gayón (la Borja, según me dicen), que para mí es una de las últimas señoras que quedaban.
Y digo señoras en el sentido de persona educada, inteligente, elegante y humilde. Tan humilde que nos prohibió en vida que anunciáramos su muerte por los altavoces del coche mortuorio. Y tan orgullosa que también nos prohibió que pusiéramos su edad en la lápida.
Era así, con sus manías
y virtudes, pero sobre todo la recuerdo por su saber estar y el señorío con el que vivió toda su vida.
No lo sabía, pero creo que la llamaban “la Borja” y aunque nació en Murcia, pasó toda su juventud en Cieza, en la calle del Barco, en casa de su abuela Piedad Rodríguez de Vera (la Borja). Y sé que persiguió a mi padre (los dos ya algo mayores), hasta que se lo llevó al huerto. Ella rondaba constantemente por el Paseo para encontrarse con él y ligárselo. Y lo consiguió, según me confesó mi otra madre, la tata Catalina. Me he criado solo desde muy niño con tres extraordinarias mujeres y ahora sólo me queda mi queridísima hermana María. Será por eso por lo que respeto tanto a las mujeres. Todo se lo debo a ellas. Ellas me han hecho así, “a su manera”.
No dejo de mirar sus fotos y me fijo sobre todo en una en la que ella le pone a mi padre la corbata de lazo de atar. A él se le ve resignado y feliz, con cara de “bueno, cariño, tú mandas; haz conmigo lo que quieras”. Y ella, divertida, haciendo lo que quería. Se ve que eran felices, se divertían y se querían. Y eso es todo. La vida es tan sencilla como parece; tan sencilla como esa foto de la corbata de lazo, aunque a veces nos la compliquemos tontamente.
Un beso para ti, mama y otro para papá. Y sed buenos y no la lieis en el cielo porque estoy tentado de irme con vosotros a divertirme, que por aquí es todo muy aburrido. Pero mientras tanto y por si alguna vez se me olvidó decírtelo, te lo digo ahora: Te quiero.
Tu hijo, Antonio F. Marín. El ‘nene’.
PD.- La misa se celebrará el sábado 7 de marzo a las 12,30 en las Clarisas. Dios mediante.
Obituario publicado en El mirador de Cieza.