Antonio F. Marín: El gatillazo fetichista y las subvenciones

23 de abril de 2008

El gatillazo fetichista y las subvenciones


El lendakari Ibarreche ha declarado que respeta a España lo mismo que el Dalai Lama respeta a China. Y uno lo comprende porque también lo respeto a él lo mismo que a Rodolfo Chikilicuatre. O quizás algo menos. Incluso me parece que el Chiki Chiki es más serio. Más serio que José Cobacho, por ejemplo, que dice que prefiere que se subvencionen las películas antes que las guerras, pero no sabemos si se refiere a la guerra del Golfo de Felipe González o a la de Afganistán de
Zapatero, en la que andan nuestras tropas gastando pasta a espuertas con avioncitos espías muy caros. Unos juguetes carísimos.
Porque ya puesto en plan demagogo, yo prefiero que se subvencione a los pobres, a los niños que viven en España bajo el umbral de la pobreza, antes que a las películas de los lameculos de Zapatero. O sea. A demagogo no me gana nadie, aunque es alarmante la cantidad de tontos que hay en España por metro cuadrado. Muchos. Das una patada en el suelo y brotan por doquier. Menos mal que vuelve Julio Anguita, con las ideas claras, que falta que nos iba haciendo.
Aunque el Italia tampoco es que anden muy lúcidos porque el Instituto Italiano de la Publicidad, por ejemplo, cree que la nueva campaña del diseñador estadounidense Tom Ford para promocionar sus gafas de sol es “sexualmente explícita” y ha pedido su prohibición. “El carácter provocativo de la imagen, va más allá de los límites aceptables para la publicidad dirigida al gran público”, ha señalado el Instituto que se la coge con papel de lija.
Y todo, porque se ve un dedo del chico metido en la boca de la chica. Una procacidad, según ellos y una minucia, según su seguro servidor. Un detalle erótico inocente que no llega a más porque se queda en los preludios, en los preliminares. Un gatillazo, vamos. Y además han prohibido la imagen de la izquierda, pero no la de la derecha donde una chica apoya el pie en la boca del chico y vierte el cava.
También muy inocente, pero que parece que no ha molestado al Instituto italiano que sólo se ha perturbado con el dedo del chico metido en la boca de ella pues habrán supuesto que es el sustituto del pene, una ficción muy vista y que no nos dice nada. Lo suyo y lo perverso, es el jugoso dedo de la chica metido en la boca del chico después de haberse corrido. Con el dedo. Qué menos.

Mobusi