Limpiarte los zapatos aun sabiendo que va a llover, es la actitud más sensata para mantener la serenidad cuando a tu lado la razón desbarra. Qué remedio, se piensa Roberto mientras guarda los aperos de limpieza y tacha la fecha en el calendario, tal y como hacía ávido todos los días a primera hora de la mañana, como si quisiera tirar de la soga para que llegara cuanto antes eso que esperaba que ocurriera, aunque no sabía qué.
Peo que tenía que llegar, seguro, porque si no nada tendría sentido, se decía mientras tachaba un nuevo día en el calendario con la paciencia del que va esculpiendo la piedra de una catedral que sabe que jamás verá terminada. No le importaba, ni le importa, porque incluso se alegra si algún día se le olvida tacharlo pues al siguiente tiene un día extra para tachar. O dos. Y al emborronar varios días seguidos sentía como si adelantara la espera y que lo que tenía que ocurrir llegaría antes.
«La felicidad consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar», había leído en un cartel de un comercio. Fue cuando se cercioró de que había alguien en el mundo que le daba la razón. Luego averiguó que la cita no era de la cajera, sino de Thomas Chalmers, pero coincidía con él (y con la cajera). Él lo esperaba desde siempre, desde que en la adolescencia comenzó a tachar los días en el calendario con el ánimo de que ocurriera aquello que aún no sabía qué era. Tenía los sueños en lata, quizás en aceite de oliva, quizás en escabeche, pero le daba igual. Porque algo tenía que ocurrir aunque no supiera qué.
Habían pasado algunas cosas, es cierto, no podemos ser superficiales y no reconocer que algo había ocurrido porque Roberto Alberola de la Viña había terminado la carrera de arquitectura, se había echado novia, se había peleado, se había comprado un coche, había dispuesto el despacho, había tenido otras novias, se había entrampado en una hipoteca, vivía relativamente bien y todavía tachaba todos los días con la esperanza de que cada día le quedaba menos para el advenimiento de eso que no sabía que era pero que tenía que ocurrir. Era lógico que así fuera. Lo decía Chalmers (y la cajera).
No recordaba la última vez que había sido feliz. Me pilla lejos, solía decir para excusar que todavía anduviera sin emparejar en el padrón, porque aunque el horóscopo llevara años advirtiéndole que si no tenía pareja, esa semana sería la propicia para encontrarla, él ya había dado con ella y salía con Elena, aunque sin plantearse llegar a mirar los muebles del Ikea. Había leído que para ser feliz era imprescindible encontrar a una chica que compartiera unos valores comunes, y era cierto, pero dónde encontraba él una chica adicta al sexo, le solía contestar al que se inmiscuía en su vida privada.
Salía con Elena sólo cuando les apetecía, sin compromiso, porque su más perentoria urgencia era tachar todos los días en el calendario para acelerar la llegada de eso que esperaba con la ansiedad con la que los presidarios tachan los días para ir eliminándolos y acercarse más a la libertad. Pero él estaba libre y seguía aguardando porque hasta ahora su vida se podía resumir en unos escuetos pies de foto. La última chica que amé de verdad se fue y ni me di cuenta, había comentado a sus amigos cuando le preguntaban porque no tenía una novia formal, reglamentaria. No me gusta el matrimonio porque para follar prefiero a las mujeres solteras, añadía socarrón para que lo dejaran en paz porque él no tenía nada contra el matrimonio, lo respetaba mucho y prueba de ello es que todavía no se había casado. Eso decía ufano.
Podríamos decir entonces que Roberto Alberola de la Viña vivía relativamente tranquilo en un chalet de una urbanización en las afueras; una vivienda de planta baja y principal con jardín y piscina rodeada de pinos que él mismo había plantado y que ya daban buena sombra y algunos piñones. Él cocinaba, lavaba, planchaba y hacía todas la labores domésticas porque su madre lo había educado así y creía como ella, que no hay que asignar roles estancos a los niños y las niñas.
Es lo que pensaban también los expertos pedagogos con los que él suele coincidir porque considera absurdo regalarle a una niña una Barbie y a un niño un Scalextric. A mí de pequeño me gustaban muchísimo las muñecas, solía decirles a sus amigos.
- Pues eso es raro -le reprochaba alguno.
- Pues yo me divertía una barbaridad jugando con las muñecas. Las ataba a un paracaídas y las tiraba desde la terraza.
- Muy divertido.
- Sí, fue cuando constaté que Newton tenía razón, que la aceleración que origina la gravedad es de 9,8 m/seg y que si me tiraba a tiempo de la terraza, caería antes de que la tata se percatara de que me había comido la tarta. Fue también cuando mi madre me llevo al psiquiatra. Por primera vez. Por jugar con muñecas, no por lo de la tarta.
Roberto se solía tomar las cosas a chunga, cuando podía, porque los demás ya se encargaban de joderlas, según solía decir. Y en este chalecito de las afueras se levantaba todos los días y antes de desayunar tachaba la fecha en el calendario como si quisiera arrearle a los días para que se sucedieran con más velocidad y llegara eso que no sabía qué era, pero que tenía que ocurrir. Eso que tenía que suceder y que quizás, tal vez, pudo llegar aquella mañana cuando fue a visitar el edificio de cuatro plantas y entresuelo que estaba reformando y le informaron de la aparición de una una mujer emparedada tras un tabique. Un obrero que tiró un tabique en el sótano, junto a la zona de las calderas, la encontró entre ellos.
(Primera parte del libro publicado en Amazon)
22 de agosto de 2014
21 de agosto de 2014
La espera se retrasa
Mi última novela "la Espera se retrasa" se acaba de publicar en la librería online Amazón. Han sido tres años de trabajo, a trancas y barrancas, pues la inicié cuando acabé la tercera en 2011. Y puse el punto y final a su primer borrador el 15 de febrero de 2012. Luego se quedó parada, cogida a ratos y vuelta a dejar. Olvidada. Y vuelta a coger corrigiendo el borrador una y otra vez pero sin orden ni rutina.
Hasta que hace unos meses volví al orden y el concierto y he podido terminar definitivamente lo que acabé un 15 de febrero de 2012. Con trabajo, rutina, orden y más rutina, como siempre, y sin esperar a que de pronto te venga la inspiración. Poniéndote a escribir sin ganas, madrugando hasta los domingos para estar más fresco con la fresca. Al final el parto ha terminado y la he publicado en Amazón.es en formato digital para tabletas, móviles y lectores eBook. Pero se puede leer en el ordenador bajándose un programa gratuito.
Sólo cuesta 1,53 euros y. según me dicen. si recibe muchos votos (muchas estrellas) te dan un vale para una gaseosa. Y si les gusta se publicará en papel en España y Estados Unidos. Pero eso lo de menos. Lo importante es la gaseosa y la satisfacción del trabajo bien hecho, cuando has dado lo mejor de ti no importa fracasar porque siempre hay alguien mejor que tú. Hay que ser humildes. "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor", que decía Samuel Beckett. Y ya estoy fracasando mejor porque tengo en ciernes la quinta.

Y una vez acabado el trabajo toca divertirse unos días. Me lo merezco pues he estado encerrado trabajando un montón. Para mí esta novela ya está olvidada y he puesto las primeras líneas de la siguiente, la quinta. Para fracasar mejor. Pero será para el otoño. Si sobrevivo. Ahora hemos llegado a puerto tras una dura travesía. Y toca divertirse.
Hasta que hace unos meses volví al orden y el concierto y he podido terminar definitivamente lo que acabé un 15 de febrero de 2012. Con trabajo, rutina, orden y más rutina, como siempre, y sin esperar a que de pronto te venga la inspiración. Poniéndote a escribir sin ganas, madrugando hasta los domingos para estar más fresco con la fresca. Al final el parto ha terminado y la he publicado en Amazón.es en formato digital para tabletas, móviles y lectores eBook. Pero se puede leer en el ordenador bajándose un programa gratuito.
Sólo cuesta 1,53 euros y. según me dicen. si recibe muchos votos (muchas estrellas) te dan un vale para una gaseosa. Y si les gusta se publicará en papel en España y Estados Unidos. Pero eso lo de menos. Lo importante es la gaseosa y la satisfacción del trabajo bien hecho, cuando has dado lo mejor de ti no importa fracasar porque siempre hay alguien mejor que tú. Hay que ser humildes. "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor", que decía Samuel Beckett. Y ya estoy fracasando mejor porque tengo en ciernes la quinta.
Cuando era niño y acudía a la biblioteca del Camino de Murcia, buscaba por orden alfabético los autores y me decía, aun siendo niño: “Algún día habrá aquí una novela mía”. Y ahora mismo hay dos en papel y otras dos en tiendas online. Cuatro en total. He cumplido sobradamente mis sueños de siempre y puedo morir tranquilo.
Y una vez acabado el trabajo toca divertirse unos días. Me lo merezco pues he estado encerrado trabajando un montón. Para mí esta novela ya está olvidada y he puesto las primeras líneas de la siguiente, la quinta. Para fracasar mejor. Pero será para el otoño. Si sobrevivo. Ahora hemos llegado a puerto tras una dura travesía. Y toca divertirse.
17 de agosto de 2014
Cómodos
Dormir desnudo es el secreto para tener a tu pareja cómoda y feliz, según los expertos. Es probable, pero conmigo siempre se han metido en la cama con el pijama polar. Y algunas hasta se ponían un traje de neopreno como si fueran a bucear y todo. La próxima novia no será buzo sino astronauta, le dices tú para darle celos; pero no cuela porque las chicas no querrán hacer viajes intergalácticos porque las naves espaciales son muy pequeñas y no podrían entrar juntas al cuarto de baño.
Eso es tan improbable como que en España los corruptos devuelvan las perras. La justicia va rastrillando poco a poco la era pues ya andan en chirona Díaz Ferrán, María Antonia Munar, Jaume Matas, Carlos Fabra o Bárcenas. Y los ex-presidentes andaluces Chávez y Griñán ya están en capilla ante el Supremo, pero todavía no hay ni un culpable del saqueo de las cajas. Se nota la falta de medios de la justicia y la enorme cantidad de aforados.El sistema funciona aunque es lento al ser el más garantista del mundo, pero todavía nos queda mucha cizaña que segar, mucha, pero con la guadaña democrática y sin el concurso de los ‘jauja-justicieros’ que atan perros con longaniza, porque habíamos quedado en que los Reyes Magos son los papás y que los príncipes azules también se tiran pedos.
Se supone que habíamos escarmentado de las promesas de superar la riqueza de Alemania en 2010, pero ahora nos ofertan Jauja sinfín para todos, como en Cataluña con sus independencias y demás lolailos que consentimos, según nos decían, para que ellos se «sintieran cómodos en España». Y donde se sienten cómodos es en Suiza.
10 de agosto de 2014
Enredos
La serenidad no consiste en estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella (Tomás de Kempis). Y por eso celebramos el último aporte de la Ciencia al sosiego del espíritu, pues dos físicos de la Universidad de California han averiguado por qué se lía siempre el cable de los auriculares.
Allí no hay recortes, y uno se alegra porque esta cuestión me tenía en un sinvivir. Aunque tras leer el estudio publicado en la revista PNAS he conseguido serenarme porque los enredos son el resultado de una función «en la que se relaciona la longitud del cable y su agitación». Quiere decirse que si no tocas el cable no se enreda.
Y además han averiguado que cuanto más largo es el cable más se lía. Y nosotros en el guindo. Lo han sabido tras meterlo en una cajita y agitarla para liar el cable. Y así hasta 3.415 veces. Seguro que han recibido una subvención I+D. Y que ha corrido el champán para celebrar el hallazgo. Un día de estos consiguen descifrar por qué los españoles creen que el Estado del Bienestar consiste en cobrar pluses por ir con medias a la oficina (Ayuntamiento de Málaga).
Allí no hay recortes, y uno se alegra porque esta cuestión me tenía en un sinvivir. Aunque tras leer el estudio publicado en la revista PNAS he conseguido serenarme porque los enredos son el resultado de una función «en la que se relaciona la longitud del cable y su agitación». Quiere decirse que si no tocas el cable no se enreda.
Y además han averiguado que cuanto más largo es el cable más se lía. Y nosotros en el guindo. Lo han sabido tras meterlo en una cajita y agitarla para liar el cable. Y así hasta 3.415 veces. Seguro que han recibido una subvención I+D. Y que ha corrido el champán para celebrar el hallazgo. Un día de estos consiguen descifrar por qué los españoles creen que el Estado del Bienestar consiste en cobrar pluses por ir con medias a la oficina (Ayuntamiento de Málaga).
3 de agosto de 2014
Betches
Ser una ‘perra’ está de moda, según los sociológicos. Las ‘betches’ son una tribu urbana de chicas que toman como ídolo a Paris Hilton o Kim Kardashian y tienen tres reglas: no ser pobre, no ser gorda y no ser fácil (con los tíos). Curioso, porque según esta descripción todas las mujeres que he conocido en mi adolescencia eran unas «betches». Y no lo sabían.
Tampoco sabíamos que baja el paro y que se vuelve a crear empleo ‘por primera vez desde 2008’ (El País); aunque en este ‘milagro’ tengan mucho que ver los bajos salarios y los contratos temporales. Debe de ser inevitable porque hasta Pablito Podemos le paga 500 euros a sus empleados pese a que auto-dona a su empresa el 75% de los 21.000 eurazos que pilla del dinero público. Se ha tomado a pecho la parábola de los talentos.
Qué pena que Jesucristo condenara enérgicamente la lapidación de adulteras porque Pablito lo podría haber entrevistado en su programa Ford Apache de la TV de los ayatolas iranies que lapidan adúlteras y ahorcan homosexuales. Otra vez será. No pasa nada porque se pueden dirigir programas en una televisión hitleriana y no ser cómplice del holocausto.
Tampoco sabíamos que baja el paro y que se vuelve a crear empleo ‘por primera vez desde 2008’ (El País); aunque en este ‘milagro’ tengan mucho que ver los bajos salarios y los contratos temporales. Debe de ser inevitable porque hasta Pablito Podemos le paga 500 euros a sus empleados pese a que auto-dona a su empresa el 75% de los 21.000 eurazos que pilla del dinero público. Se ha tomado a pecho la parábola de los talentos.
Qué pena que Jesucristo condenara enérgicamente la lapidación de adulteras porque Pablito lo podría haber entrevistado en su programa Ford Apache de la TV de los ayatolas iranies que lapidan adúlteras y ahorcan homosexuales. Otra vez será. No pasa nada porque se pueden dirigir programas en una televisión hitleriana y no ser cómplice del holocausto.
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