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Laura Antonelli |
Ayer me enteré de que ha muerto
Laura Antonelli, el mito erótico de nuestra juventud que creíamos eterno, porque los mitos nunca mueren. O no deberían. Ha muerto la musa de nuestras noches de soledad y fantasías, o sea, el mito erótico de los años 70 cuando todos los chicos andábamos muy reprimidos porque la mujer no follaba si no mediaba matrimonio, Dios mediante.
Laura nos descubrió la mujer
sin remilgos, el sexo sin tabúes ni catecismo,
y todos nos enamoramos porque el que no lo hacía era raro, raro. Todos fuimos el jovencito de
Malizia (1973) que bajo la escalera veía un
upkirt provocado. Era una mujer natural, con curvas, que es como a los hombres nos gustan en vez de los fideos que nos quieren vender los modistos, generalmente homosexuales.
Todos o casi todos, quisimos ser el varón domado en
Le malizie di venere (1969), versión libre de la obra
La Venus de las pieles (Venus in furs) dirigida por Massimo Dallamano y traducida en España por
El placer de Venus. La última adaptación ha sido la de Roman Polanski (
La Vénus à la fourrure 2013). Vi aquella película años después en un cine de Palma y me acerqué a la obra de Sacher Masoch. Y también a la del marqués de Sade, que conste.
Era una mujer que se anticipó a su tiempo encarnando papeles de mujer fatal, sensual y provocativa, aunque también estuvo bajo la dirección de excelentes directores como
Dino Risi (Sessomatto), Luchino Visconti (El inocente) o Ettore Scola (Pasión de amor). Y eso que era rubia, que si llega a ser morena... Pero no era un fideo, sino la típica italiana con curvas, si mal no recuerdo. Esas curvas que ahora se rechazan o se ponen en cuestión.
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Una rellenita para chuparse los dedos |
En la revista
Mujer hoy publican el reportaje
Sí a las curvas, en el que se preguntan si ellos, los hombres, las prefieren de verdad delgadas. Y la mayoría de los encuestados contestan que no, que vienen curvas. ¿Entonces?, se preguntan... Pues parece que ellas que se visten para ellas, para las otras, para la competencia, pero no para nosotros.
¿Delgadas o rellenitas?, te suelen preguntar. Pues he ahí el dilema que ha enfrentado a los grandes filósofos y que nos sigue preocupando a todos (los hombres). Porque mientras ellas (y los modistos) quieren andar delgadas, a la mayoría de los tíos nos van las curvas y si son de montaña rusa pues que mejor que mejor, oye. Sin pasarse, claro.
Pero no hay forma de llegar a un acuerdo ni a un consenso que permita aclarar la situación. En fin, que cada uno haga con su capa un sayo, o un suje, aunque dicen que la virtud anda en el término medio. Eso dicen, pero no sé... Mientras tanto que Laura descanse en paz. Si la dejan.