Luc contemplaba el círculo de dientes azules, la corona de pequeñas llamas puntiagudas. La tetera que había sacado de la cubeta se le escapó de las manos y se rompió contra el piso embaldosa. Matilde, su asistenta, vino en seguida. Al ver que ese objeto que le gustaba yacía allí, estúpidamente, en pedazos, la furia se apoderó de ella hasta tal punto que se volvió instantáneamente irreconocible. Avanzó hacia Luc
- !Imbécil! -gritó-. Y le dio una bofetada.
Sin duda fue la primera sorprendida de su gesto, pues de inmediato salió de la cocina. Luc permaneció durante unos minutos aturdido, desconcertado, sin reaccionar, casi incrédulo, pero luego el tumulto de la ira tronó y lo invadió. Dejó la cocina golpeando la puerta y, subió a su cuarto, se vistió enfurecido, bajó la escalera de cuatro en cuatro y